sábado, 23 de octubre de 2010

Cantó el "mudo"

Nueva Chicago 1 –Sarmiento 0
LA SINTESIS
Estadio: Nueva Chicago
Horario: 15:30 horas
Fecha: 23 de octubre de 2010
Público: 7000 personas aprox.
Nueva Chicago: Agustín Gómez (11m Daniel Monllor); Adrián Scifo, Ariel Coronel, Luciano Precone (52m Gonzalo Roncanieri), Darío Arias; Pablo Ruiz, Julio Serrano, Rodrigo Pepe, Roberto Bocchi, Damian Luna (65m Leandro Cogrossi), Leonardo Carboni. DT: Mario Finarolli.
Suplentes: Leandro Testa, Jonathan Enríquez, Leonardo Ramos, Jorge Pérez.
Sarmiento: Adrián Villa; Joel Barbosa, Javier Capelli, Mariano Sardi, Nicolás Dematei; Juan Manuel Azil (69m Damian Castagno), Mauro Navone, Johnny Aquino, Juan Manuel Quevedo (80m Luis Acuña); Luciano Cipriani (ET Cristián Rami), Alberto Yaque. DT: Alberto Pascutti.
Suplentes: Jonathan Ivanoff, Francisco Martínez, Ignacio López, Ezequiel Cerutti
Arbitro: Fernando Rapallini
Líneas: Pablo Fresotti y Gerardo Carretero
Goles: 90m Pablo Ruiz (NC).
Amonestados: 22m Johnny Aquino (S), 42m Darío Arias (NC), 51m Javier Capelli (S), 56m Gonzalo Roncanieri (NC), 85m Adrián Scifo (NC), 90m Joel Barbosa (S).
La Figura: Pablo Ruiz (NC).
Comentario:
Dos de los pesos pesados de la categoría se enfrentaban en Mataderos, intentando consolidarse en el rendimiento futbolístico, luego de un comienzo poco prometedor para ambos y con un objetivo en común: alcanzar la punta del certamen.
En los primeros minutos se amoldó mejor en el terreno de juego Sarmiento, gracias a las subidas electrizantes de Azil por el sector derecho, que fueron padecidas por Scifo y Serrano. La primera jugada de riesgo trajo aparejada una desgracia, porque Azil ganó por derecha enviando un centro para Cipriani que no llega a conectar el balón y si la cabeza del arquero Gómez, que quedó tendido en el suelo por un rato. La reacción del portero, cuando pudo levantarse era de seguir jugando, pero estaba mareado y el cuerpo técnico prefirió no arriesgarlo, entrando en su lugar Monllor. También sufrió un golpe en la cabeza Bocchi, pero le colocaron un vendaje y pudo continuar jugando.
El partido perdió emotividad y Chicago fue encontrando los espacios para acercarse a la valla de Vella, la sociedad entre Luna y Ruiz comenzaba a funcionar. Los registros de la primera llegada del local son cercanos a los veinticinco minutos de juego, cuando Pepe en un mano a mano encuentra la reacción del golero visitante, que utilizando el último aliento envía la pelota al corner. En la jugada posterior, Precone peina un balón en el área y Carboni no llega a conectar. Pero la mas clara de la primera parte fue un gran contragolpe manejado con sumo criterio por el “mudo” Ruiz, que en una apilada magnifica dejó a Luna en inmejorable posición para anotar, pero el remate del volante dio en el palo cuando Vella estaba vencido. Sarmiento estaba inconexo y a esta altura solo esperaba una pelota parada para poder sacar rédito a sus escuetas llegadas. Así se murió el primer tiempo, dejando una mejor imagen el dueño de casa. En el complemento, Rami suplantó a Cipriani intentando darle más vértigo al ataque visitante, pero sin conseguirlo puesto que ninguno transportaba el balón. Nuevamente fue Chicago quien tuvo mejor trato de pelota y a los dos minutos Carboni casi canta el primero, pero Barbosa salvo milagrosamente la caída de su equipo. Entonces la fresca brisa que flotaba en Mataderos, fue aburguesando a los jugadores, la visita estaba enamorada del empate y solo quería llegar a Junín con el gran botín. Hubiese sido injusto la igualdad, porque Chicago siempre quiso ganar y cuando todos creían que el cero a cero sería inamovible porque el partido llegaba a su fin, apareció una genialidad de Ruiz que fue desbaratada por falta de Barbosa a pasos del área (en esa acción fue amonestado el ex Chicago), de la falta se encargó el propio jugador, pero su remate dio en la barrera, el rebote lo tomó nuevamente Ruiz que con un potente remate batió a Vella para establecer el uno a cero desatando toda la locura de Mataderos. No hubo tiempo para más, ganó Chicago por no ser tan amarrete como su rival, demostrando que ante la adversidad, con actitud se ganan partidos.
Mariano de Luzuriaga

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